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En esta ocasión y para seguir en la línea de la coordinación educativa hoy voy a hablar de mi experiencia particular en uno de los coles con los que colaboramos.

Esta escuela se trata de una institución privada, por este motivo, es algo más complejo realizar la intervención en modo “sombra” pues estar en la clase con el resto de niños es algo que no nos está permitido.

En este caso y desde un primer momento, se decidió que íbamos a trabajar fuera del aula y para ello se nos habilitó una sala donde hacerlo. Se pretende interferir lo menos posible en el ritmo de la clase y las rutinas del resto de alumnos. Es por ello que recogemos a los niños en la puerta de clase y una vez finalizada la sesión los llevamos dónde esté el resto de su grupo y por ende su tutora.

A pesar de no trabajar en clase con el resto del alumnos y no poder seguir el ritmo de la misma en vivo desde un primer momento se estableció una relación que facilitase el compartir necesidades y problemáticas entre la tutora y terapeuta de modo que adaptásemos los contenidos a efectuar en intervención con los que se trabajan a nivel curricular en la escuela. Con todo ello nos aseguramos de que, a pesar de no estar presentes en el aula, los niños puedan seguir a groso modo los objetivos que en ésta se persiguen.

De igual forma, estar físicamente presente en el colegio cuando la intervención se lleva a cabo nos permite tener una relación más cercana con todas aquellas personas que trabajan con los peques a nivel “escuela”; Tutores, maestros específicos, personal de comedor, auxiliares de aula… esto nos permite dotar de pautas significativas a todos aquellos profesionales que lo requieran. Además, de esta forma el feedback que se recibe es mucho más actualizado y cotidiano permitiéndonos dar respuesta a cuestiones más propias del día a día que en muchos casos pueden dificultar el ritmo de los alumnos en la escuela.

Es importante esclarecer que nuestra función en los colegios es la de apoyar la labor de los maestros y constituir un apoyo para ellos estando presentes en el aula, llevando a cabo “apoyo de sombra” que constituye simplemente en brindar a nuestros peques de las ayudas necesarias para seguir el ritmo de la clase.

En este caso concreto, la intervención es separada del contexto educativo por lo que son dos agentes independientes. No obstante, esto no significa que no podamos dotarles de apoyos que faciliten la inclusión de los peques tanto en las tareas más propias de aula como en la interacción con su grupo de iguales.

Lo más importante ha de ser la comunicación entre los agentes implicados en el desarrollo educativo y personal del niño.

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