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Además de una formación a padres, cuidadores y personas significativas para los niños con los que trabajamos en Abaloo, nosotras salimos del centro a instituciones escolares donde nuestro objetivo es una inclusión real.

Cada vez son más las familias que creen que una terapeuta supervisada es la mejor vía para que su hijo esté integrado e incluso llegue a estar como uno más en el aula.

 La llamada ayuda de sombra es aquella profesional que cubre las necesidades que el centro no puede responder. Alumnos con TEA y con otros trastornos generalizados del desarrollo necesitan un diseño específico para que el proceso de enseñanza-aprendizaje sea lo más enriquecedor para él. A veces los centros están sobrecargados de estímulos y son lugares confusos para ellos. A través de la figura de la ayuda de sombra, no sólo conseguimos una inclusión real y que el alumno pueda aproximarse a los objetivos de sus iguales, sino que además evitamos que se produzcan situaciones no deseadas que conviertan la experiencia de ir al cole en algo negativo. Los componentes emocionales, sociales, de autonomía y de autocuidado 

Que estemos en el aula quiere decir que adaptamos las propuestas de la tutora al alumno que necesita apoyos. Es ir en paralelo con los maestros y tutores del alumno. Explicando a través del análisis funcional por qué se produce una conducta, la manera en la que tiene que presentar los contenidos, uso de un lenguaje apropiado que el alumno pueda entender, adaptaciones y apoyos visuales en el aula,…

Y no sólo en el aula. Espacios y actividades que aparecen en el currículo escolar transversalmente (patio, comedor, extraescolares, ruta escolar, actividades deportivas, celebraciones,…) también se tienen en cuenta como un contexto donde el pequeño se desarrolla y aprende. A veces son estos espacios donde podemos conseguir objetivos que se generalizaránen otros momentos de aprendizaje más estructurados. 

Normalmente son las familias quienes sugieren esta figura para sus hijos en las aulas, aunque cada vez se va conociendo y son los centros quienes lo requieren. No sólo por los beneficios para el alumno y otros agentes del centro, sino porque mejora la coordinación entre terapia ABA, familia y centro escolar. 

Lo mejor para una terapeuta que trabaje como ayuda de sombra es poder enseñar directamente en situaciones naturales y/o tener la oportunidad de observar que todo aquello que el niño aprende en un contexto clínico se extiende a otros momentos y lugares. 

Es muy enriquecedor como profesional poder ir desvaneciendo la ayuda, que el niño cada vez tome a la tutora y otros profesionales del centro como sus personas de referencia; y que además sus iguales disfruten de su compañero, le conozcan y sepan la manera de dirigirse a él, de ayudarle, de jugar, de aprender de él y con él.

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