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Salvando las distancias, las incertidumbres de aquellas familias que llegan a nuestro centro con un alumno con dificultades más de tipo escolar, de aquellas con niños con patologías asociadas a su comportamiento, no son tan diferentes entre sí: que esté adaptado en los diferentes contextos donde realiza su día a día (casa, colegio, parque, extraescolares,…), que sepa comunicar aquello que necesita, canalizar sus emociones, tener herramientas para desenvolverse en el día a día…

En un principio parece que el trabajo de modificación de conducta que se hace con un niño que pueda presentar problemas de dislexia, disgrafía o discalculia es muy diferente a otro con TEA, por ejemplo, pero no es así. Debemos tener en cuenta qué es lo que ocurre antes de que se produzca esa conducta y/o después. Muchas veces es el entorno el que, sin querer, está haciendo que esas conductas se perpetúen o vayan a más. De igual modo, en muchas ocasiones, los padres vienen porque sus hijos no logran los objetivos educativos porque creen que tienen dificultades cognitivas pero no siempre es así. Hay otros componentes que hacen que no se estén alcanzando los hitos propios de su edad.

En Abaloo, además de atender a niños con TEA y otros trastornos generalizados del desarrollo, también se trabajan dificultades de aprendizaje que muchas veces vienen diagnosticadas por su centro educativo. Intervenir de forma paralela no resta importancia al trabajo del tutor en el aula y de otros profesionales del centro, sino todo lo contrario: acompaña y refuerza al trabajo que se hace en el centro escolar. Es por eso que la comunicación con el orientador del colegio, su tutor y con otros profesionales se hace imprescindible.

Todos aquellos alumnos con los que trabajamos de manera directa e individualizada en nuestro centro no se comportan igual en el centro escolar que en Abaloo; en Abaloo que en casa, con un familiar que con otro,… Es por ello que recoger el mayor número de datos posibles y contrastarlos entre los diferentes agentes educativos (y no educativos, como la familia) nos ayuda a ver qué es lo que está ocurriendo. A esto se suma que la comunicación con todas las partes aporta mayor riqueza al proceso de enseñanza-aprendizaje del niño en los diferentes contextos de educación formal y no formal.

En ocasiones nos centramos en el diagnóstico y/o en la evaluación (partes fundamentales para poder diseñar una programación y posteriormente intervenir) y parece que los problemas de comportamiento vienen de ahí: la frustración de no seguir el ritmo de la clase, de no escribir de una manera legible, de no entender lo que se está leyendo hacer que aparezcan conductas inadecuadas. Es por ello que el resultado de una intervención global será que ambas partes, conducta y aprendizajes académicos, vayan mejorando a la vez.

Ahí radica la diferencia de un servicio de apoyo escolar y una intervención de trastornos de aprendizaje basado en las competencias curriculares, las características del alumno, su conducta y cómo el entorno es capaz de reconducir su comportamiento consiguiendo que actitud y aptitud mejoren notablemente. Los resultados de una intervención coordinada y en continua comunicación con todos los agentes presentes en el desarrollo del menor, también se aprecian en los logros del aula.

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