Skip to content

A veces, ante conductas inadecuadas de los niños, solemos repetirles una y otra vez las normas; sin parar de decir cosas como no paras, no me haces caso, no vas a conseguir tu premio, lo vas a perder; que ya te lo hemos dicho cien veces… Pues a veces, cuando creemos que va dejar de hacerlo porque estamos dándole una retahíla que desearía parar de escuchar, realmente está consiguiendo la atención que está buscando. No sólo pasa con los niños con diversidad funcional, de hecho también nos pasa a los adultos, si nos paramos a pensarlo.

Cuando comencé a trabajar con niños, el primer “darme cuenta”, casi de manera intuitiva, fue con Miguel (qué bien me hubiera venido saber de análisis y modificación de conducta en aquellos tiempos). Estaba en una clase de niños de 2º de Educación Infantil. Estaba haciendo las prácticas de Educación Especial en un colegio concertado de una zona desfavorecida de Granada. Este niño era un encanto, muy listo e inteligente, atento, pendiente de todo lo que se iba a trabajar, ayudaba a sus compañeros pero, en el momento en que la tutora o yo nos deteníamos a ayudar a otros niños de manera individual, pegaba al compañero que tenía al lado y no dejaba de mirarnos. Nuestra primera reacción era ir a pararle, le decíamos que eso no lo podía hacer,… pero volvía. Lo que quería Miguel era llamar nuestra atención. Le daba igual que diéramos un golpe en la mesa, que le dijéramos que eso no lo podía hacer, que viera a su compañero llorar, etc. Él conseguía que dejáramos de hacer lo que estuviéramos haciendo y nos acercáramos a él. Probé a acercarme a él más veces a lo largo de la jornada (en una clase de 20 niños con muchas dificultades de aprendizaje es lógico que sin querer nos centremos en aquellos que necesitan más apoyo), dedicarle su tiempo y, en el momento en el que repitiera esa conducta, sin decirle nada le levantaba y le sentaba en una parte de la clase donde nos pudiera ver y seguir la clase pero lejos de sus compañeros. En unos días dejó de hacerlo.

En la metodología ABA prima el refuerzamiento positivo, pero a veces el tiempo fuera, la pérdida del reforzador o la atención por parte del adulto son necesarios. Y, ¿cómo podemos hacer para que entiendan esa contingencia sin tener que verbalizarla? Podemos ayudarnos de paneles visuales donde recordemos ese contrato conductual sin dar la atención que el niño nos está “pidiendo”. En este caso, este tipo de castigo no funcionaría si no hay tiempos de atención por nuestra parte a lo largo del día. Igualmente, debemos establecer las normas antes de llevarlo a cabo, también valiéndonos de esos apoyos visuales con dibujos, pictogramas o simplemente escribiendo la contingencia: si pegas a otros niños, te sientas fuera de la asamblea, por ejemplo.

En otras ocasiones, y se suele dar en niños con dificultades de comunicación o preverbales, este tipo de conductas pueden darse para evitar o salir de una situación. En el caso de un niño con TEA con el que he trabajado como ayuda de sombra en un centro ordinario de infantil, era que pegaba a sus compañeros para salir de esa situación. Había veces que no quería hacer la tarea, estar en la asamblea siguiendo a la tutora, pegaba y se le “castigaba” alejándole del resto de la clase. Estamos aumentando esa conducta. Lo que estaba aplicando como un castigo realmente era un premio para él, resultando que la función de esa conducta era salir de esa situación y estar tranquilo un rato. Esa situación que en principio es gratificante, era aversiva para él. Se le dio la alternativa de decir “quiero descansar” para coger una silla y sentarse fuera del círculo, y funcionó. Eso sí, premiando mucho por estar cerca de ellos, seguir a la tutora y hacer las tareas. De hecho, se le dejaba estar un rato “tranquilo” al finalizar la asamblea, jugar con los compañeros o hacer una tarea. 

Podría explicar con términos más técnicos cuándo un estímulo es un refuerzo positivo, negativo; cuándo realizamos un refuerzo diferencial, qué es una contingencia… Adonde quiero llegar es a la importancia de un análisis funcional para ver cuál es la función de la conducta y la importancia de paneles y apoyos visuales. Con estas ayudas dejaríamos de repetir la norma sobre todo en aquellos momentos de conflicto, de negociación. También para aquellos niños que quieren conseguir llamar nuestra atención, alcanzando mayor control por nuestra parte reconduciéndoles al panel e incluso logrando mayor autocontrol por parte del niño teniéndolo a la vista. Todo ello, sin olvidar ofrecer tiempos de reforzador y siendo sistemáticos para que tengamos más oportunidades de éxito y lograr que desaparezcan las conductas inadecuadas.

Play Video