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Se dice que quien tiene un amigo tiene un tesoro, ¡y qué razón!…pero la verdadera fortuna se tiene cuando tenemos a nuestro amigo, a nuestro mayor apoyo, bajo el mismo techo: nuestro hermano.

El vínculo que se crea entre hermanos, supone una relación muy estrecha que supondrá o formará parte de los primeros cimientos a nivel social y emocional de nuestra vida, ya que será una fuente de apoyo a nivel de aprendizaje.

En la relación con los hermanos existen momentos de juego, de compartir, surgen discusiones o situaciones conflictivas, situaciones en las que nos vemos obligados a ceder…y todo ello contribuirá en el desarrollo de la personalidad, manera de relacionarse, manejo y control de emociones. Pero… ¿qué ocurre en el caso de tener un hermano/a TEA?

Todo ello puede influir en el núcleo familiar. Los niños que tienen hermanos con trastorno del espectro autista comúnmente pueden desarrollar sentimientos que quizás, en muchas ocasiones, sean complejos de entender. Esto varía en función de las necesidades del hijo TEA y en la posición que en el rol familiar se encuentren sus hermanos.

Si se trata de hermanos mayores, tienden a responsabilizarse de muchas de las situaciones que puedan darse en casa, dejando en ocasiones de lado sus deseos y responsabilidades para ayudar todo lo posible a sus padres en el “cuidado” de su hermano. En el caso de hermanos menores, suelen encontrarse en una situación un tanto conflictiva, en la que están implicados en responsabilidades distintas a otros niños de su misma edad. Además, cuando son pequeños, pueden tener dificultades para comprender lo que le sucede a su hermano y para entender cómo poder relacionarse con él.

Las habilidades madurativas del hermano del niño TEA, supondrán la clave para hacer frente a la situación, así como también la unión familiar y de comunicación existente. Para ayudar a entender el contexto que le rodea, es necesario dotar al niño de estrategias para comprender y aceptar la realidad de su hermano.

También será beneficioso que sea partícipe en actividades o terapias juntos para fortalecer el vínculo entre ambos a través del juego y experiencias satisfactorias, favoreciendo también la relación de ambos con los demás.

Por último, será también de especial relevancia reforzar, premiar y dar cariño a ambos por igual, para así evitar llamadas de atención y conductas inadecuadas y hacerles sentir seguros y en igualdad.

Y ahora la cuestión es…¿cuál será el punto de vista de los pequeños que tengan hermanos con diversidad funcional? ¿cómo percibirán sus rituales, forma de comunicarse, etc.?

Para terminar el post, os dejamos un texto sacado del cortometraje francés “Mi hermanito de la luna”, en el que una niña narra lo especial que es el día a día con su hermano y, para ella, su mejor amigo:

MI HERMANITO DE LA LUNA

“Me acuerdo que al nacer, mi hermanito no dejaba de comer, comía mucho mucho y también lloraba mucho mucho, pero no solía dormir apenas.

Ahora mi hermanito ya no es tan pequeño, pero no se mueve mucho, tampoco dice nada. A veces, me haría ilusión hacerle reír, pero no funciona, hace como si no me viera, como si no me oyera…

Mi hermanito siempre está mirando al cielo y se queda quieto…excepto a veces, cuando mamá está pasando la aspiradora, cuando algo se está cociendo, cuando pasamos por debajo de un túnel o cuando cantamos cumpleaños feliz. Cuando hay invitados en casa y no le apetece, cuando le cortamos las uñas, cuando se aplaude y cuando intentamos cortarle el pelo, entonces ahí él se enfada muchísimo…y eso no es nada divertido.

Papá y mamá tienen que aprovechar cuando duerme para cortarle el pelo con mucho cuidado.

Mi hermanito va a la escuela infantil pero no juega con los demás niños, sigue mirando hacia arriba, como siempre.

Cuando damos un paseo, la gente también le mira mucho y a veces él hace gestos bastante raros, levanta los brazos, como si quisiera volar.

A algunas personas les da miedo, piensan que se trata de una enfermedad contagiosa.

Yo le ofrezco joyas, le encantan las joyas porque brillan, pero no las toca, o alomejor sólo un poquitín con la punta de los dedos.

Ya ha ido a un montón de doctores, especialistas…muchos, muchos, y sigue yendo a otros.

Papá y mamá dicen que él no es como los demás, es un poco raro…pero yo miro mucho a mi hermanito, este hermanito que siempre mira el cielo, incluso cuando vamos de compras, incluso en el coche, le encanta mirar el cielo.

Mi hermanito nació como todo el mundo, pero también viene un poco de la luna, pues claro, a él le gusta lo que brilla, como la luna, le gusta todo lo que es redondo y que se parece a la luna, como una alcantarilla, siempre se para ante las alcantarillas, es cierto, y si queremos que avance, hay que poner el pie por encima para que no la vea más, y así sigue andando.

Además, le gusta subir escaleras pero no bajarlas, prefiere subir…y nunca deja de subir.

Mi hermanito es un príncipe, un príncipe director de orquesta. Me gustaría ser un hada para hechizarle para que prefiera estar aquí en vez de en la luna, le daría una mano para que viniera conmigo.

Con mi hermanito, hemos inventado un idioma.

Jugamos al juego del sombrero, me pongo un sombrero y él se ríe, corre detrás de mí y en ese momento estamos los dos, juntos. Y en ese momento soy feliz.”

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