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Hoy voy a hablar de mi experiencia como apoyo sombra en un colegio privado.

En este caso, antes de que yo me incorporase al equipo, el niño con el que trabajaba solía deambular por al aula y no permanecía en un sitio estructurado como el resto de sus compañeros. De igual forma, tampoco se mantenía sentado en la asamblea ni era partícipe de la misma.

En mi caso tuve la oportunidad de trabajar con él dentro del aula. De esta forma, pude observar su contexto natural y ver realmente cómo se comportaba y cómo se desenvolvía para poder intervenir directamente sobre ello.

Su maestro me permitió tener un espacio reservado exclusivamente para él, así cuando yo no estaba en el aula él podía seguir trabajando sin mí. En este sitio, tenía diferentes puzles y varias tareas TEACCH que él podía ir haciendo de manera independiente. Estas tareas están hechas con materiales visualmente muy atractivos y claramente se podía diferenciar cuál es el inicio de la tarea y el final.

A modo de ejemplo y para que nos entendamos todos; imaginaos una hoja en la que aparecen diferentes grupos. Uno con 2 dibujos de gorras, otro con 5 gafas y otra con 6 lápices. Los niños tendrán que colocar en cada grupo el número que corresponde a la cantidad de objetos que hay.

Cuando iba al aula nos integrábamos con los demás compañeros y hacíamos las mismas actividades a través de ayudas visuales y apoyos que constituían la ayuda extra que él necesitaba. En el momento en el que, por ejemplo, tocaba hacer actividades para trabajar adverbios “dentro y fuera” en fichas, todos sus compañeros se sentaban en su sitio y yo me colocaba detrás de él dándole la ayuda que en ese momento necesitaba para poder hacer la misma actividad que el resto.

Inicialmente, en el recreo, su conducta era la misma que en el aula: deambular. Por ello decidimos instaurar una rutina de juegos que consistía en saltar por las ruedas, tirarse del tobogán, jugar al sube-baja y coger alguna bici para jugar, aunque si un día le apetecía subir y bajar en el tobogán lo hacía. Al principio, en el sube-baja se montaba él solo, luego me subía yo también, hasta que finalmente conseguimos que se montara con otros compañeros siendo algo muy divertido para él. Esto facilitó que se integrara genial con sus iguales.

En asignaturas como educación física también le acompañábamos; le encantaba cuando les tocaba jugar al pañuelo, o cuando le tenían que pillar los lobitos de otro color.

Con todo esto, al final nuestra función es integrarles e incluirles en su grupo de referencia dotándoles de esas pequeñas ayudas que necesitan y a veces los profes no pueden darles debido al amplio ratio de alumnos por clase.

Nuestra función al fin y al cabo es ayudar tanto al niño como al profesorado para que, finalmente, estén lo más incluidos posible en su grupo y puedan seguir las rutinas derivadas de una jornada escolar con la mayor facilidad posible.

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