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Cuando hablamos de terapias intensivas dentro de la metodología ABA muchas son las familias que respiran aliviadas por poder contar con esta posibilidad. A otras de primeras les puede suponer un importante desembolso puesto que se trabaja uno a uno durante un promedio de 15 horas semanales.

No sólo estamos favoreciendo un entrenamiento de habilidades que hace que se adquieran en menos tiempo, si no que evitamos que se den situaciones donde aparezcan conductas inadecuadas que se generalizan con diferentes personas y en otros contextos que luego son más difíciles de afrontar. Se favorece los éxitos en el aprendizaje minimizando el número de errores.

Aplicar el análisis y la modificación de conducta en un ambiente clínico, más controlado y de manera intensiva, propicia a que la adaptabilidad del niño sea mayor en el hogar, en su entorno comunitario más cercano y en el contexto escolar. En éste último todas aquellas oportunidades que tiene de estar con iguales (modelos para imitación, juego en paralelo, etc) se aprovechan mucho mejor después de haber tenido un entrenamiento en un contexto más controlado.

Esto sin tener en cuenta la plasticidad de aquellos niños diagnosticados con TEA o con otros trastornos generalizados del desarrollo en edades tempranas. El impacto de la terapia es tan rápido y efectivo que, una vez trabajadas todas aquellas barreras que impiden que se produzcan aprendizajes significativos, la curva de adquisición de aprendizajes es más rápida y constante.

Otro de los beneficios que he ido observando a lo largo de mi experiencia como terapeuta es el de una rápida adquisición del lenguaje o de los sistemas alternativos de comunicación. El hecho de que un alumno no sea capaz de expresar lo que quiere por tratarse de un niño preverbal, hace que aparezcan conductas inadecuadas para conseguir aquello que desea.

Poder conocer otros sistemas de comunicación de manera eficaz y en poco tiempo hace que pueda acceder a aquello que quiere pero además que su conducta no se dispare al no poder comunicar aquello que desea. Las “pistas visuales” para aquellos niños con bajo autocontrol o dificultades en la adquisición del lenguaje, ayudan a establecer normas y pautas, secuencias del actividades del día… y sobretodo, cuándo va alcanzar aquello que es reforzante para él.

A veces algo tan simple como un pictograma de cuándo y qué toca comer es la vía para que no aparezcan rabietas, lloros y quejas por desconocer cuándo y el qué de situaciones del día a día.

En una terapia intensiva es fácil reconocer cuáles son las necesidades y qué apoyos necesita para tener una comunicación efectiva a través de ayudas visuales u otros sistemas alternativos de comunicación. Aquellos niños verbales o que empiezan a comunicarse de manera verbal, se benefician tanto del mayor número de ensayos discretos que forman parte de un ambiente más clínico, como de poder generalizar esos aprendizajes en contextos más naturalizados.

Otra de las ventajas es aliviar el estrés que muchos padres tienen al recibir la noticia de que su hijo es diagnosticado con un trastorno dentro del espectro autista o generalizado del desarrollo. Muchos de ellos ven que aquellas conductas que perduraban en el tiempo y que cada vez aumentaban en frecuencia e intensidad se ven reducidas en menor tiempo. Además de aprender herramientas para hacer frente a esas conductas inadecuadas, son capaces de analizar qué estímulos son los que desencadenan esas conductas o cómo pueden responder ante esos comportamiento (hablamos del análisis funcional).

Al poder intervenir de manera intensiva con el niño, también lo estamos haciendo con las familias. La terapeuta no solamente es aquella capaz de llevar a cabo la programación diseñada por el equipo sino que además sirve como modelo para los padres facilitando la formación de familias y sugiriendo modelos educativos específicos para su hijo.

Sin lugar a dudas la terapia intensiva es un formato muy enriquecedor también desde el punto de vista profesional. Como terapeuta, poder observar grandes pasos y logros en un alumno en poco tiempo es muy gratificante. Enorgullece ver, sobretodo en edades más tempranas, que se dan aprendizajes duraderos que fomentan la integración en contextos próximos al niño y mejorar su calidad de vida.

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