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¿Qué hacer cuando existe un rechazo?

Ante la situación de pandemia en la que nos encontramos debido a la rápida expansión del COVID-19, ha sido necesario un cambio de mentalidad en la población, así como de nuestros hábitos de vida. El confinamiento en el que los españoles nos encontramos parece no llegar a su fin, y esto hace que cada vez estemos más ansiosos y desesperados por alcanzar de nuevo la normalidad de la que antes disfrutábamos.

Un rayo de luz parece llegar  con la oportunidad de salir un poco de casa y de la monotonía en la que estábamos inmersos la mayoría de la ciudadanía. Pero este “regalo” de libertad viene de la mano de una serie de normas que deberíamos de tomarnos muy apecho si queremos que esto termine. 

Es innegable que la realidad para muchas familias con hijos con necesidades especiales difiere de aquellas con hijos normotípicos. Esto es debido a la falta de rutinas, actividades de apoyo para su desarrollo y la falta, en muchos casos, de entendimiento de lo que ocurre a su alrededor, por no hablar de la carga psicológica que les supone estar encerrados, más alta que para el resto de la población. Esto también se hace evidente en muchos casos a la hora de salir de casa en esta nueva fase de desconfinamiento. Como hemos apuntado antes, para salir hay que seguir una serie de normas, pero… ¿es igual de fácil su seguimiento para todos? 

Es evidente que, para la población, el llevar mascarilla es algo nuevo e incómodo, cuanto más para los niños con Trastorno del Espectro Autista (TEA).  Esto tiene sus raíces en varios factores entre los que destacamos la dificultad para comunicarse o expresar sus emociones; para ellos es complicado hacernos saber que les incomoda o molesta la mascarilla. Así, esto les puede llevar a una frustración que desemboque en un episodio de conducta inadecuada. Por otro lado, la tolerancia hacia nuevos objetos es más baja que para los demás, aunque no siempre. Por ello, puede suponer un momento de estrés el tener la mascarilla puesta durante largos períodos de tiempo, ya que es una sensación nueva para la que no han tenido la oportunidad de adaptarse.

Ante esta nueva situación, como padres, es normal que empiecen a surgir dudas sobre cómo hacer que nuestros hijos lleven una mascarilla sin hacer de ello un momento desagradable para ambas partes.

Una buena respuesta para esta realidad es el condicionamiento del uso de la mascarilla tomando como punto de partida el nivel de tolerancia de nuestros hijos hacia esta. Si nuestro hijo no presenta rechazo alguno y es capaz de llevar la mascarilla durante largos períodos de tiempo, ¡fenomenal! No será necesario su condicionamiento puesto que no supone algo negativo para él. Si por el contrario, el momento de protección supone una “lucha” con ellos para su uso, hemos de determinar por dónde empezar. No será igual la forma de proceder ante un niño que es incapaz de ponerse la mascarilla frente a uno que sí se la pone durante una baja duración, en ambos casos el punto de partida de su condicionamiento es distinto.

En el caso de que la tolerancia hacia esta nueva forma de protección sea 0, debemos empezar de una forma muy gradual:

** Muy importante, en todos los pasos, el refuerzo ante cualquier tipo de acercamiento al objetivo que buscamos en cada fase será muy alto para que el niño asocie la mascarilla con algo positivo y reforzante**

1º  Empezaremos con el proceso en casa, para que el niño empiece a familiarizarse con la mascarilla. Para ello, iremos introduciendo la presencia de la misma en actividades cotidianas: comer, ver la tele, jugar… para que aprendan a tolerar su presencia.

2º Animamos al niño a tocar la mascarilla, olerla, sujetarla durante determinado tiempo… así poco a poco, no sólo asumirá que empieza a formar parte de sus rutinas, sino que además se empezará a familiarizar con su tejido, color, olor…

3º Intentaremos no pasar a este tercer paso si el niño no es capaz de tolerar su presencia o le produce aun malestar el tacto u otras acciones referentes a la mascarilla. En caso afirmativo, comenzaremos a ponerle la mascarilla en casa con duraciones muy breves varias veces al día.

4º Conforme vaya mostrando una actitud positiva, iremos ampliando la duración de uso, siempre de forma gradual, sin dar cambios de 1 min a 7 min por ejemplo.

5º Una vez es capaz de tolerarla durante un tiempo razonable, que pensemos que es el necesario para nuestra ruta de transporte, momento de la compra, paseo en zonas concurridas… probaremos su uso en la calle.

6ª Una vez empecemos su uso en la calle el refuerzo será muy alto para mantener su aceptación ante la mascarilla y, así, crear de esta un estímulo positivo para el niño.

La duración de cada uno de los puntos variará en función de cada niño y el punto de partida. Como se ha mencionado previamente, también dependerá de la tolerancia que presente nuestro hijo/a. En muchos casos el punto de inicio puede ser el uso de mascarilla en casa aumentando duraciones puesto que los dos primeros pasos los tiene superados.

Una vez hemos conseguido todos los pasos podemos hacer del nuevo elemento  algo más divertido. Probar colores nuevos, con estampados alegres, ponerle la mascarilla a sus juguetes favoritos puede ayudar a que el niño normalice aún más el uso de las mascarillas, vernos a nosotros con ellas puestas, etc.

Marta Toro Arcos

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