“Espera un ratito”, pero… ¿cuánto es un ratito? “El autobús viene en 5 minutos”, pero… ¿Cuánto es un minuto? ¿Y cinco? “Luego te lo doy”… ¿Qué es luego?
Todos los días enfrentamos situaciones en las que debemos esperar: hacer fila en el supermercado o en la fila del cole, esperar nuestro turno para un juego, esperar a que se cocine la comida… Eso que en nuestro día a día parece algo sencillo, en niños y niñas con autismo puede suponer un gran desafío.
¿Por qué es difícil esperar para los niños con TEA?
Una de las características típicas del diagnóstico es la inflexibilidad o la insistencia en mantener las mismas rutinas; se sienten más seguros cuando saben qué pasará y cuándo. Las esperas, sobre todo si no están anticipadas, pueden incrementar esa incertidumbre y falta de control de sus rutinas.
Además, si acompañamos estas esperas de conceptos temporales que el niño todavía no entiende, como pueden ser “5 minutos”, o conceptos abstractos como “luego”, es natural que la angustia crezca.
Cuando, encima, esa espera viene antes de algo que nos gusta mucho, la conducta disruptiva puede dispararse todavía más. Aceptar que no nos van a dar ahora mismo lo que queremos requiere de flexibilidad mental y tolerancia a la frustración, algo que tenemos que trabajar todos y, más aún, los niños y niños con autismo.
Si a todo esto le añadimos el procesamiento sensorial propio del TEA en el que los ruidos, los movimientos o la presencia de mucha gente pueden resultar agobiantes, esa espera para la llegada del autobús puede hacer que la ansiedad suba todavía más.
Beneficios de trabajar las esperas
Aún con estas dificultades, los niños con TEA pueden aprender a esperar y a tolerar la incertidumbre, lo que les va a hacer ganar en independencia, adaptarse al entorno escolar y familiar, tolerar cambios en las rutinas y desarrollar mejores relaciones con sus iguales.
¿Cómo trabajar las esperas?
A pesar de las dificultades, enseñar a esperar es una intervención clave que en Abaloo llevamos a cabo diariamente con estrategias basadas en evidencia y adaptadas a las necesidades de cada niño.
Anticipación: Antes de la espera, explicar claramente qué va a ocurrir: “Vamos a esperar; cuando el reloj suene podemos jugar con la pelota”.
Uso de apoyos visuales: temporizadores, cuentas atrás, relojes de arena o cualquier otro tipo de apoyo visual ayuda al niño a entender cuánto tiempo ha pasado ya y cuánto falta, lo que reduce la imprevisibilidad.
Refuerzo positivo e inmediato: Halagar al niño alguna vez mientras espera y celebrar (con abrazos, aplausos o juguetes) una vez la espera ha terminado, por muy corta que sea.
Modelado o autoinstrucciones: Podemos enseñar al niño cómo esperamos nosotros también como adultos. “Mira, yo también espero”, “yo para esperar cuento”, “a mi me gusta hacerme cosquillitas”, etc. Damos así estrategias a para regularse mientras se espera.
En un inicio podemos hacer todo esto con esperas muy breves, de pocos segundos para, progresivamente, ir aumentando el tiempo de espera. Además, poco a poco, podremos ir retirando algunos de los apoyos para llegar a naturalizar más las esperas para, por ejemplo, llegar a esperar sin la necesidad de tener un reloj delante o esperar sin la necesidad de recibir un premio a cambio.
¿Qué puedo hacer yo como padre o madre?
Trabajar las esperas en niños y niñas con autismo puede ser un reto, pero las mejoras son mucho mayores cuando todo el entorno trabaja en la misma dirección. Algunos consejos para implementarlo en casa serían:
Introduce las esperas solo cuando el niño esté tranquilo. Si estamos nerviosos, a todos nos cuesta mucho más esperar.
Utiliza frases claras y entendibles para el niño, sin términos abstractos. “Esperamos hasta que suene el tiempo”, “hasta que termine el reloj”, “hasta que el circulito sea amarillo”, “contamos hasta diez”…
Sé consistente: si marcamos un tiempo de espera, debemos cumplirlo y no ceder.
Empieza por retos pequeños y asegura el éxito; es menos frustrante tanto para el niño como para ti.
Conclusión
Como todo aprendizaje, entender las esperas y acostumbrarse a ellas es un proceso largo que requiere de entrenamiento específico y sistematicidad. Pero, con paciencia y cariño, cada pequeño logro se celebra como un pasito más hacia la autonomía, la inclusión y la vida plena.
Mantener la calma y acompañar el proceso con cariño es clave, siendo el adulto el modelo a seguir. Recuerda: enseñar a esperar es mucho más sencillo cuando nosotros mismos sabemos esperar.
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La importancia de las esperas en niños con TEA
“Espera un ratito”, pero… ¿cuánto es un ratito? “El autobús viene en 5 minutos”, pero… ¿Cuánto es un minuto? ¿Y cinco? “Luego te lo doy”… ¿Qué es luego?
Todos los días enfrentamos situaciones en las que debemos esperar: hacer fila en el supermercado o en la fila del cole, esperar nuestro turno para un juego, esperar a que se cocine la comida… Eso que en nuestro día a día parece algo sencillo, en niños y niñas con autismo puede suponer un gran desafío.
¿Por qué es difícil esperar para los niños con TEA?
Una de las características típicas del diagnóstico es la inflexibilidad o la insistencia en mantener las mismas rutinas; se sienten más seguros cuando saben qué pasará y cuándo. Las esperas, sobre todo si no están anticipadas, pueden incrementar esa incertidumbre y falta de control de sus rutinas.
Además, si acompañamos estas esperas de conceptos temporales que el niño todavía no entiende, como pueden ser “5 minutos”, o conceptos abstractos como “luego”, es natural que la angustia crezca.
Cuando, encima, esa espera viene antes de algo que nos gusta mucho, la conducta disruptiva puede dispararse todavía más. Aceptar que no nos van a dar ahora mismo lo que queremos requiere de flexibilidad mental y tolerancia a la frustración, algo que tenemos que trabajar todos y, más aún, los niños y niños con autismo.
Si a todo esto le añadimos el procesamiento sensorial propio del TEA en el que los ruidos, los movimientos o la presencia de mucha gente pueden resultar agobiantes, esa espera para la llegada del autobús puede hacer que la ansiedad suba todavía más.
Beneficios de trabajar las esperas
Aún con estas dificultades, los niños con TEA pueden aprender a esperar y a tolerar la incertidumbre, lo que les va a hacer ganar en independencia, adaptarse al entorno escolar y familiar, tolerar cambios en las rutinas y desarrollar mejores relaciones con sus iguales.
¿Cómo trabajar las esperas?
A pesar de las dificultades, enseñar a esperar es una intervención clave que en Abaloo llevamos a cabo diariamente con estrategias basadas en evidencia y adaptadas a las necesidades de cada niño.
En un inicio podemos hacer todo esto con esperas muy breves, de pocos segundos para, progresivamente, ir aumentando el tiempo de espera. Además, poco a poco, podremos ir retirando algunos de los apoyos para llegar a naturalizar más las esperas para, por ejemplo, llegar a esperar sin la necesidad de tener un reloj delante o esperar sin la necesidad de recibir un premio a cambio.
¿Qué puedo hacer yo como padre o madre?
Trabajar las esperas en niños y niñas con autismo puede ser un reto, pero las mejoras son mucho mayores cuando todo el entorno trabaja en la misma dirección. Algunos consejos para implementarlo en casa serían:
Conclusión
Como todo aprendizaje, entender las esperas y acostumbrarse a ellas es un proceso largo que requiere de entrenamiento específico y sistematicidad. Pero, con paciencia y cariño, cada pequeño logro se celebra como un pasito más hacia la autonomía, la inclusión y la vida plena.
Mantener la calma y acompañar el proceso con cariño es clave, siendo el adulto el modelo a seguir. Recuerda: enseñar a esperar es mucho más sencillo cuando nosotros mismos sabemos esperar.